La Navidad.. es esa época del año que a todos nos vuelve nostálgicos. Las calles se llenan de gente, todos se empujan unos contra otros, pero con felicidad. El olor a castañas asadas impregna el frio aire que congela la nariz de la gente y gastar dinero se convierte en la actividad preferida de todo el mundo.

En mi caso, solo tengo que irme a la Puerta del Sol, en Madrid. Allí, colocándome de manera estratégica en algún punto de la plaza donde nadie repare en mi presencia puedo ver todo, todo y más.

....Puedo ver a la gente, gente que se arremolina en torno a los escaparates. Bolsas, bolsas de todo tipo, de todos los tamaños, de todas las formas y colores. Las más valoradas suelen ser las del Corte Inglés. Caras felices, caras diferentes a las del resto del año... Si en verano tuvieras que gastarte todo ese dinero irias con cara de perro de un lado a otro, pero en esta época no, es Navidad. Cuanto más gastes, más grande se hace tu espíritu Navideño. Poder hacer que la gente que queremos tenga lo que tanto desea, ya sea un juego de videoconsola, unos pendientes, un abrigo, una cámara de fotos...  nos hace felices!

...y sin embargo, mientras veo todo esto, veo lo siguiente, y parezco ser el único que lo vé...

A la salida de todo centro comercial, una persona indigente sobre un duro y áspero colchón hecho con cartones, se arrodlla extendiendo su brazo y una mano resquebrajada por el frio.  Las personas, salen del centro comercial sin percatarse de su presencia a pesar de tener que esquivarlo en muchos casos. Los que reparan en él le dan los 3 céntimos que les han sobrado al pagar. No se paran, no le miran. Le dan las monedas intentando no tocar su mano. No le importa a nadie, todos son felices, llevan en la mano bolsas cargadas de ese mal llamado espírtu navideño...

A escasos metros de todas esas tiendas, y rodeadas de toda esa gente, pero sin que lleguen a empujarlas en ningún momento, se encuentran todas esas chicas, dueñas de su propio escaparate. Chicas a las que parece no importar el frio, chicas, que normalmente no por gusto, se ven abocadas a vender su orgullo cada día por un puñado de tristes euros... Muchas de esas chicas, lamentablemente, ejercen la prostitución para poder darle a sus hijos, muchas veces a miles de kilómetros, unas Navidades mejores.

Mientras, en un parque situado en medio de todo el barullo y cubiertos por otro manto de invisibilidad, dos hombres, con apariencia de tener 40 años y haber vivido solo 25, se inyectan gramo a gramo esa felicidd que compraron anteriormente al camello de la esquina, esperando a entrar en ese estado que les hace ver el verdadero Espíritu Navideño... Micra a micra van acercándose más a esa felicidad, mientras a sus espaldas, familias destrozadas lloran la decadencia y ausencia de esos seres tan queridos... hermanos... hijos...

Y esta, es la Navidad que tenemos....

¡Feliz Navidad a todos...!