Empecé a escribir un blog, porque no tenía otra manera más que escribir para comunicarme conmigo mismo.
Porque si no podía expresar lo que sentía por tí aquí, como iba a decírtelo? Aquí no me tiemblan las palabras, nuncá se me hara un nudo en las manos igual que en la garganta, si me acelero, borro, y empiezo otra vez.
Me he atrevido a decirte lo que siento y como lo siento... o al menos lo he intentado. Estaba contento al principio, cuando lo conseguía. Pero reconozco que últimamente estoy bastante frustrado... las palabras que antes me ayudaban a decirte todo lo que sentía por ti, ahora, me impiden decirte todo lo que siento. Se han acabado las palabras. Si, de verdad, no encuentro palabras suficientes para decirte todo lo que tu eres para mí...

Cuando había aprendido a andar por la vida a zancadas, sin importarme nada, me enseñaste que es mejor ir de puntillas, no hacer ruido, pasar desapercibido... y cuidar todo un poquito más. Cuando creía que se acababa el camino, tu hacías uno nuevo para mí, me dabas la mano y caminabas conmigo, llegaste a tirar de mi. Si en algún momento creí que no tendría nunca miedo a nada, llegaste para convertirte en mi único miedo, que no eres tu, sino que dejases de ser tu. Los días en que las tormentas amenazaban al mar de alquitran que me rodeaba, los cambiaste por trombas de besos que dieron color a las sombras. Si tanta letra me hacía desplazar a los números, tu me enseñabas de nuevo a contar, empezando por contar contigo. La mejor lección que me diste es, que uno más uno, es uno. Alardeé de no necesitar nunca nada de nadie... y hoy me cuesta un mundo estar sin besarte.
Y aun así, jamás podré decirte todo lo que siento, no encontraré las palabras que necesito, no existen, y nunca podrás saber hasta donde llegaría por tí, por que nadie ha ido hasta allí. Pero si de momento te sirve para ir haciendote una pequeña idea, te quiero, pequeña.







